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Karma colectivo
Wallice Jusino de la Vega - wjd@ContraPuntoPR.org
ContraPunto 16.1.12
El karma es una de esas palabras que sea han filtrado desde la antigua India hacia las sociedades del mundo. En términos generales consideramos el karma sinónimo de la llamada "ley de causa y efecto" y todos los derivados de este concepto. Como sabemos, básicamente el término describe un sistema que produce condiciones de vida futuras generadas por actos humanos actuales. Curiosamente, casi siempre el karma va atado a "retribución" o "castigo"… ¿será así porque gran parte de la humanidad cree inconscientemente que gran parte de sus actos son "castigables"?
A fines del siglo 19 comenzó a desarrollarse en la filosofía budista el concepto implícito de karma colectivo, significando aquellos efectos generados por grupos de individuos, incluyendo generaciones y naciones completas. Imaginemos, por ejemplo, la "carga kármica" de las acciones sostenidas por los países bélicos que tradicionalmente han logrado dominar a otros, sea directa o indirectamente? Igualmente, consideremos las religiones que hayan hecho lo mismo. Al leer esto sé que muchos habrán pensado inmediatamente en el islamismo que hoy reprochamos como "terroristas", pero los invito a reflexionar por un momento. La lógica nos dice que según las acciones de hoy matizan nuestras experiencias de mañana, también las acciones de ayer han matizado las de hoy.
¿Acaso no recordamos las Cruzadas ni la Inquisición? Repasemos un poco de historia. El origen de la promoción de las Cruzadas ha sido trazada a 1074, cuando los turcos capturaron Asia Menor. El teólogo alemán Friedrich Wiegand nos relata: "(el papa) Gregorio VI había proyectado una guerra contra los infieles, teniendo también como su objetivo la reunión (reunificación) con la Iglesia Griega. El plan fue tirado a un segundo plano por el conflicto con el emperador (romano) Enrique IV. (el papa) Urbano II, quien luego tomó la idea, estaba animado no tanto por las consideraciones políticas de Gregorio, como por el verdadero impulso religioso. De la iglesia debía venir la fuerza impulsora; en los poderes seculares descansaba la ejecución real del plan".
Algunos historiadores consideran como la primera "guerra santa" la iniciada en el año 312 por Constantino (formador de la iglesia cristiana unificada), quien dijo haber tenido revelación divina a su favor, contra su cuñado, Maxentius, llegando luego a gobernar todo el Imperio Romano. La segunda etapa de la guerra santa comenzó en 1095 con la serie de nueve campañas de las Cruzadas. Estas cumplían los tres elementos que caracterizan una guerra santa: lograr una meta religiosa (expulsar los musulmanes de Tierra Santa), ser autorizada por un líder religioso (el papa) y tener una recompensa religiosa para los participantes (la absolución completa de pecados y garantía de salvación).
La cita anterior nos recuerda las veces que los papas modernos han condenado "el terrorismo motivado por la religión" y "las restricciones a la libertad religiosa", como sucedió recientemente. Sería absurdo negar la gran aportación que las iglesias cristianas hacen hoy día en cuestión de caridad a los pobres y marginados, socorro en momentos de desastre y defensa de los derechos civiles e indígenas y de la vida humana en general. También es innegable que los cristianos son perseguidos en las regiones del Oriente Medio, apareciendo en los titulares asesinatos de religiosos y laicos, bombardeos contra iglesias y represión contra sus derechos ciudadanos debido a su credo. Igualmente, sería cruel decir que el cristianismo se lo merece por sus actos pasados.
Sin embargo, no podemos, viéndolo desde una perspectiva completamente espiritual, obviar la ley del karma que, al ser totalmente justa, no favorece ningún individuo ni colectivo conscientes. Uno puede proceder conscientemente y con toda intención al actuar en contra de la armonía universal, quizás llegando a los extremos de robar, agredir o asesinar. En estos casos nuestro sentido moral natural como humanos desarrollados siempre nos dará señales de que lo que estamos haciendo no es congruente con la armonía. Ese sentido moral que nos grita internamente se debe, precisamente, a la desarmonización entre las frecuencias vibratorias del acto y las de la esencia espiritual pura que radica en el núcleo de nuestro Ser. Las personas inconscientes (individuales y las que forman un colectivo), sea por incapacidad mental, edad o estado evolutivo, son incapaces de tener intención y sentido moral… todas las demás estamos sujetos al karma.
Estos sucesos humanos que vemos en las noticias, incluyendo todos los tipos de terrorismo y de criminalidad, son las consecuencias de una humanidad que todavía está en desarrollo. Son efectos de las causas generadas por nuestros errores y son de esperarse de una humanidad que está en su infancia. Según desde niños vamos pasando por fases de ingenuidad, ignorancia, independencia prematura, rebeldía inmadura, marcado egocentrismo, reacciones violentas, egoísmo, etc., igualmente la humanidad todavía no ha desarrollado, en promedio, sus capacidades más altas vinculadas con los valores y las virtudes que predominen su existencia.
El tiempo, por sí solo, no armoniza el karma. Lo único que nos libera de nuestro karma es el aprendizaje espiritual que es facilitado solamente por las experiencias. No basta que mostremos externamente que hemos aprendido las lecciones que ya demostramos no saber; el karma nos mide internamente.
En el caso de la iglesia, considero injusto que esta juzgue las acciones de sus seguidores, y las de sus perseguidores, sin juzgar las suyas. El primer paso es reconocer y aceptar sus errores. Luego es aceptar que el karma (o la providencia o como quieran llamarlo) es un concepto válido y real. El "terrorismo motivado por la religión" de hoy citado por el papa es el mismo de ayer, originado por la propia iglesia pero ahora con intercambiados roles de agresor y víctima. Así de exacta es la naturaleza del karma. Según critica la guerra santa que hoy llega a sus puertas, el mundo cristiano debe reconocer la contradicción que dice que matar a nombre de Dios hoy día es tan absurdo y carente de divinidad como lo fue en el pasado. Reconocerlo, aceptarlo, arrepentirse y repararlo, esta es la única fórmula que el karma reconoce, estando por encima de las actividades materiales que la humanidad ha creado, incluyendo las divisiones religiosas.
Si el trabajo social y humanista actual de la iglesia es sincero y ha sido suficiente, en su momento su karma se armonizará. El peso del karma eclesiástico no es uno liviano, considerando las consecuencias espirituales de su guerra santa (las Cruzadas) que duraron casi 200 años, siendo la guerra activa más larga en la historia de la humanidad. Súmele a eso los estragos de la llamada Santa Inquisición, que más allá de inquirir, asesinó probablemente millones (hasta el día de hoy la iglesia no ha revelado cuántos) de los propios miembros de la iglesia durante los 679 años que duró, partiendo del año 1184.
Es triste ver, ya en pleno siglo 21, personas que no quieren reconocer los errores de la iglesia y que en esta todavía existan activamente actitudes de rechazo, agresión o ambas contra los que no comparten sus creencias. Esto no ayuda en el proceso de armonización del karma, sino que tiende a perpetuarlo. Como vemos en el mundo que nos rodea, el fanatismo religioso es tan peligroso como los países mas potentemente armados, sin importar cuál Dios se esté defendido.
No obstante, como en todos los casos de calamidad humana, lejos de "hacer leña del árbol caído", estamos llamados a ofrecer compasión y solidaridad a los que comparten el karma de la iglesia. No se trata de simplemente mostrar externamente estas virtudes, sino que, más allá de "tenerlas", es siempre procurar llegar a "serlas".
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(1) "Crusades", Encyclopedia of Religious Knowledge, edición Philip Schaff, Vol. II (1953)
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CONCEPTO
• El concepto de ContraPunto es simple: comentar sobre noticias y sucesos de actualidad desde una perspectiva espiritual. MAS >>>
AUTOR
• Wallice Jusino de la Vega, presidente de la Fundación Spiritus
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PREMISAS DEL AUTOR
• Vida Universal
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• Reencarnación |