Arenga Mordaz
Marcos J. Torres Sepúlveda
ISBN 978-0-9794213-4-1


Cuando me entretenía escribiendo el primer librito tuve la sensación que el editor quería censurar mis escritos ya que desde principios de enero del 2007 tuvo en su poder el manuscrito y no es hasta abril del mismo año que vi los sinsabores de mi esfuerzo. Me pasaba pensando sobre qué razones podrían existir y cavilaba en mi conciencia numerosas dudas porque sabía que el producto final traería controversia, dimes y diretes ya que sabía que se necesita valentía y audacia para exteriorizar aquellos pensamientos que plasmé en los referidos escritos.

No es fácil ventilar públicamente unas verdades amargas que uno visualiza que deberán trascender más allá de la muerte y al mismo tiempo aprovechar que unos conocimientos adquiridos a través de largos años fueran de utilidad a las futuras generaciones. Pensé que, si debido a factores por todos conocidos, las ideas que inquietaban mis ansias y mis esperanzas no tuvieran éxito en mi patria, sabía que había hechos que aun cuando se hiciera todo lo posible, debía quedar en forma de una semblanza de dichos pensamientos e inquietudes. Y aquí están. Tengo que reconocer que es de vital importancia, no tan sólo la ayuda del intelecto sino el carisma, la personalidad de quien escribe, de cuyas cualidades sé que carezco porque esos son dones que nacen con el individuo y se desarrollan en un ambiente apropiado.

Por todo ello, creo que el éxito o el fracaso de una actividad cualquiera a la cual uno dirija sus objetivos va a depender de lo que se le llama comúnmente “pequeña burguesía que son quienes han desarrollado hábitos y costumbres alimentados por unos padres indulgentes que les han proveído de todo lo indispensable. Decía Fidel que los logros alcanzados habían dependido de su bagaje familiar y que era una posibilidad que si en vez de nacer hijo hubiese nacido como nieto (ya que es de conocimiento de todos sobre lo engreídos que son los nietos), no habría habido en su patria el arranque socialista de su pueblo. De modo que en cierto sentido la pequeña burguesía ha sido el motor de los cambios cuantitativos y cualitativos que se han desarrollado en las sociedades que han escogido la vía alterna del desarrollo a través del modelo socialista. En este sentido pensamos en Lázaro Cárdenas de México, Vladimir Illich en Rusia, Hugo Chávez de Venezuela, Ho Chi Ming en Vietnam, Juan Mari Bras en Puerto Rico, Joao Goulart en Brasil, Ernesto Guevarra en Cuba, Mao Tse Tung en China, Jucelino Dos Santos en Angola, Federico Engels en Alemania, Chedi Hagan en Guyana y muchísimos, muchísimos otros que tuvieron o tienen un trasfondo pequeño burgués.

Todos los capítulos, aun cuando no lo parezcan, son una crónica de eventos o antecedentes con raíces muy particulares, al extremo que me arriesgo a decir que son vivencias autobiográficas o memorias y datos de cincuenta o más años de estudio y análisis en mi vida. Algunos de ellos crearan “ronchas” en ciertas personas pero sé que otros admirarán el esfuerzo honesto y la valentía. Aun los más ofendidos, con su lectura, tendrán que reconocer que algo han aprendido en el proceso pues la vida es precisamente eso mismo, un continuo taller de aprendizaje hasta la hora final en que nos convirtamos en abono, si nos dejan.

¡Bienvenidos al mundo de la fobia y la locura!



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