Nunca pensé al iniciar éstos escritos que terminarían siendo una autobiografía. El reto me lo impuso un simple incidente que sucedió allá para agosto del 2006. Estaba convencido que mi hijo Manuel se estaba saliendo de sus cabales ya que ningún padre quiere que "su sangre" destruya lentamente lo que ha hecho para que se perpetúe el bienestar soñado y que aspirábamos. De momento lo encontré que estaba sacrificando con sus actos todo lo que él había luchado. Las deudas lo abrumaban, las tarjetas de crédito las adquiría como si no hubiera que responder de dichas obligaciones, los pagos del auto se le amontonaban, los meses de alquiler de su vivienda se atrasaban, los préstamos se acumulaban. Entonces, cuando no pudo más... y la crisis se le abalanza encima, pensó, (creo yo), racionalizar que la solución era buscar una salida fácil (una pensión, una declaración de incapacidad, cualquier cosa).

Como notarán he titulado éstos escritos utilizando irónicamente la estadía en un sanatorio siquiátrico, queriendo llevar el mensaje que los problemas mentales no se escapan del principio que no hay efecto sin causa. Todos los seres humanos, por el hecho que ejercemos nuestra capacidad mental (contrario a otros seres vivientes), estamos propensos a salirnos de lo que la comunidad espera de nosotros. Hoy, mi hijo ha vuelto en cierta medida a reconocer que todos sus problemas son de su propia hechura y que a nadie le interesan los problemas de otros. Tiene que autodisciplinarse en sus finanzas y preocuparse porque otros también dependen de él.

Habrán de notar, quienes me lean, que todos los capítulos tienen como fundamento un hecho o hechos reales, los cuales defenderé en el lugar que sea porque son producto de una vida sacrificada y totalmente ciertos. Quizás exagere un poco en algunos hechos pero... ¿de qué otra forma podría tratarlos si quiero que la idea central del pensamiento sea parte de quienes se dignan posar la vista sobre los mismos? Todos y cada uno de los hechos son fácilmente verificables... y ese es el reto a que someto a mis lectores. En el tintero se han quedado incidentes que en ánimo de achicar éstos escritos no creí prudente narrarlos. Sería una tarea casi imposible, material suficiente para hacer de ellos toda una enciclopedia, pero vale la pena olvidarlos por ahora. Sólo aspiro a que de alguna forma inquieten a quienes me estudian.

Marcos J. Torres Sepúlveda


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