Prolegómeno El caminar del Ser es un enigma para la vasta mayoría de los habitantes de la Tierra, pero por lo menos el proceso de desenvolvimiento es un sistema tan perfecto que en su momento todo misterio deja de serlo. La llamada evolución no corresponde sólo a lo que se considera la materia sólida, inanimada del universo, sino también a la esencia interna de todo lo que somos y todo lo que nos rodea. Curiosamente, la evolución de la sustancia afecta a la evolución de la materia, que a su vez vuelve a influenciar a la sustancia y el proceso se repite incesantemente en una danza cósmica cíclica. Son causas-efectos simbióticos que han existido eternamente. Las ideas, los conceptos, los paradigmas y la llamada “verdad” son parte de este elegante flujo de desenvolvimiento. Lo que es cierto para unos en un momento dado no lo es para otros; lo que fue cierto ayer para todos no lo será mañana, debido precisamente a la perenne metamorfosis que es impulsada por todos los tipos y niveles de evolución. Visto de ese modo, el viejo adagio que reza “Lo único eterno es el cambio” nos representa palabras sabias. Tener o carecer de esa realidad evolutiva en nuestro razonamiento hará nuestro camino por el universo placentero o miserable en diversas proporciones. Contar con esta realidad estando abiertos a, y preparados para, recibir nuevas ideas nos brinda paz, tranquilidad y templanza porque fluimos con la cambiante marea cósmica adaptándonos fácilmente a nuevos estados de ser. Carecer de la conciencia de la realidad evolutiva tiende a aferrarnos a ideas, objetos, personas y estados que inevitablemente cambiarán, aun cuando pongamos resistencia. El sufrimiento provocado por nuestra renuencia es siempre proporcional a nuestra resistencia. En este sentido, la evolución espiritual no es vista como un verdugo castigador, sino como una madre firme que asegura nuestro progreso. Para muchos los cambios son aterradores, ya conocemos lo fácil que es mantener el status quo porque hacerlo implica no tener trabajo adicional. Para ellos las ideas nuevas son percibidas como chocantes, imaginarias, carentes de fundamento o absurdas, por lo que automáticamente tienden a rechazarlas sin el menor análisis. Esto es particularmente cierto cuando los conceptos nuevos o diferentes son presentados por mensajeros que no han sido identificados como profetas modernos, o sea, que no tienen las supuestas credenciales requeridas por los sistemas académicos, científicos, teológicos, etc. En demasiados casos los títulos y la fama son más importantes que la esencia de los mensajes. El presente escrito no es uno fácil de digerir. Éste requiere mente abierta porque toca ciertos puntos que podrían calificarse como polémicos y como tales desafían las partes intelectual y espiritual del lector. Este incisivo análisis penetra hasta un ámbito poco explorado por los sistemas espirituales actuales, aunque en realidad se remonta a conocimiento que ha existido eternamente en el universo y durante milenios en nuestro planeta. Visto de ese modo, este texto no es un informe sobre nuevos descubrimientos, sino un recuento de algunos de los conocimientos más antiguos de la especie humana y de parte de la realidad que ha existido eternamente. Invitamos al lector a ponderar su contenido en juicio profundo antes de emitir un decreto final. Saudeur Introducción Sonaría más impresionante si yo dijese que mi trayectoria espiritual ha sido muy difícil. Me vería como un gallardo bravío de inmensa estatura si tuviese en mí el cuadro experimental de aquel romance medieval, con el caballero que ha salido a cien batallas, ha degollado docenas de dragones y cuenta con un repertorio de cicatrices como testigos. Pero esa no ha sido mi realidad. Partiendo desde cada uno de los dos comienzos que he tenido habitando este cuerpo material que llaman “Wallice”, las experiencias internas han venido fácilmente. Éstas han sido ayudadas por una vida exterior que nunca he considerado difícil, aunque algunos de mis familiares la hayan percibido como una cargada de experiencias que van desde malas hasta terribles. Lo que otros han sentido como crisis, para mí han sido simplemente momentos archivados en la gaveta marcada “experiencias peculiares”. Eso sí, mi experiencia me ha parecido un tanto extraña al comparar notas con mi estrecho círculo de amigos y compañeros de labores, tertulias y aventuras espirituales. En la mayoría de los casos mis diatribas persistentes (quizás pedantes) y “preguntas calientes” son recibidas neutralmente; en menor medida son recibidas con medio asombro, media duda y media preocupación por mi salud mental. En casos aislados mis palabras han “guayado” a algunos de tal manera que la reacción ha sido un tanto violenta. “Hay que acabar con eso” son palabras que he escuchado decir a un llamado “maestro” sobre mi trabajo, dándonos un ejemplo de la resistencia que en pocos casos he enfrentado. En todo caso, he comprendido perfectamente y aceptado que cada cual reacciona de acuerdo a su estado de desarrollo espiritual... los que tienen más experiencia, conocimiento o una mayor combinación de ambos percibirán más apaciblemente que los demás. Su reacción será casi nula puesto que, precisamente, ciertos estados de desarrollo van disolviendo naturalmente la inseguridad y la incertidumbre aportadas por el temor que es responsable por la mente reactiva. Es precisamente este concepto de “reacción” la base fundamental de este escrito. En esta ocasión estaremos conversando sobre ciertas reacciones que se desarrollan en el ámbito más interno del universo. Hablo del “lugar” (por falta de mejor descriptivo) donde la física cuántica sólo ha raspado la superficie y ha quedado estupefacta al mantener una estrecha visión en el estudio estricto de la relación energía-materia. Como veremos, las reacciones mencionadas dan forma al estado físico y espiritual, tanto nuestro como planetario, galáctico y universal. Aunque este recorrido podría aparentar ser un tanto extraño, le pido al lector que intente mantener una mente abierta a las posibilidades. Como se ha dicho anteriormente, este material debe ser considerado como simple información que cada uno debe evaluar imparcialmente, analizar minuciosamente y probar contra su razonamiento o experiencia. Es mi esperanza que lo dicho aquí se convierta en conocimiento que luego se convierta en experiencia que luego ayude a ampliar la sabiduría de cada cual. Parte de lo extraño en mi experiencia es la manera en que recibo información, lo cual debe ser explicado antes de proceder para establecer un marco de referencia de la procedencia de los conceptos. Debemos recordar que no todos aprendemos de la misma manera y que todas las vías de aprendizaje son válidas y valiosas. Por un lado está esa vocecita que me susurra en la mente y con la cual tengo conversaciones coherentes, aunque nunca intercambios extensos. Fue ella la que en el primer grado de la escuela elemental me dijo “La niña y el caballo” como contestación a la pregunta de la Sra. Ubides, quien en su función como maestra mostraba una pintura preguntándonos cuál podría ser su título. El asombro posterior de ella, tanto en ese como en otros momentos, la llevó a decirle a mi padre que yo era “especial” y a recordarme, según me decía él, hasta el día en que desencarnó. Poco sabía ella que maromas como la mía aquel día son, en realidad, muy comunes en muchas personas. Muchos dirán que estas conversaciones no son más que comunicaciones con espíritus desencarnados, con los llamados guías que el espiritismo menciona como nuestros maestros espirituales. Desde cierto punto de vista estoy de acuerdo con esta opinión, considerando que los espíritus son componentes de una secuencia que puede ser explicada desde una perspectiva más profunda, la cual estaremos tratando más adelante. Mi segunda manera de aprendizaje proviene mediante la “conexión directa” mencionada en texto que antecede a éste, titulado “El gran reto del espiritismo”. Según se explicó allí, en ciertos estados de desarrollo espiritual los seres humanos nos damos cuenta que tenemos un vínculo permanente con la fuente universal responsable de la existencia de todo. Más específicamente, nos damos cuenta, comprendemos e internalizamos el hecho que nunca hemos estado separados del Todo (cualquier nombre que queramos darle) porque tal distanciamiento es imposible debido a que somos parte integral de éste. En este ámbito el aprendizaje viene simplemente desenfocando nuestro consciente de este plano material (y de nuestro ego) y orientándolo (más bien entonándolo) hacia la plenitud de planos de existencia. En ese proceso de apertura no necesitamos saber dónde se encuentra la información que buscamos por una simple razón: no está en un lugar, sino en todo el Todo... por supuesto, del que ya somos parte. Este proceso de búsqueda de información es mayormente interno, pero también lo hemos hecho en grupo. Los que han participado en las pocas sesiones que hemos hecho en esa dirección recordarán la insistencia de las palabras “hazme una pregunta” que he pronunciado para orientarnos hacia probar el sistema. Aunque muchas de las respuestas no han sido comprobables instantáneamente en esos momentos, puedo decir que he tenido mis comprobaciones personales por otros medios... y eso me basta. Entiendo que no faltará quien lea esto con sospecha, duda, recelo y hasta burla, pero sólo me basta mencionar que incontables veces los disparates que he formulado después de estos episodios los he visto confirmados, o por lo menos secundados, por otras fuentes. Por ejemplo, estudiando la alquimia hace muchos años y ponderando sobre la llamada “piedra filosofal” (la esencia que está presente en toda la materia), la información que recibí fue la palabra “agua”. Por supuesto, la contestación era en realidad “hidrógeno”, pero en aquel momento yo no estaba en estado de comprenderlo. Con esta información no pude reducir el plomo hasta su forma básica para transformarlo en oro, pero sí tuve mi primera lección de química básica, que dice que el hidrógeno es el elemento químico más básico en nuestro conocimiento terrenal. Como tal, sí es la base fundamental de la materia. Este ejemplo es útil también para señalar que no toda la información está accesible a todos cuando “salimos” a buscarla. En muchos casos lo que recibimos es un mensaje de negación, en mi caso “No está disponible” es la contestación usual. Esto responde a la lógica que nos dice que muchos conceptos están fuera del alcance de nuestra comprensión individual actual. Pero eso no significa que estarán velados para siempre y, curiosamente, nuestra reacción ante tal negación influye en su apertura futura. Establecidas estas premisas, podemos adentrarnos a la esencia de nuestro tema, manteniendo en mente que no reclamo ser magno científico ni iluminado maestro espiritual. A continuación, en la primera parte desarrollaré, de acuerdo con mi conocimiento y experiencia actual, la base de los conceptos tratados, o sea lo que en el título se refiere a “resonancia universal”. En la segunda parte se usará el contenido del espiritismo, según expuesto por Allan Kardec en “El Libro de los Espíritus”, para poner en perspectiva la porción del título que dice “más allá del espíritu”.
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